Los humedales son el termómetro del medio ambiente

Una fina lámina de agua refleja las pocas nubes que asoman en el cielo de la mañana aragonesa. Recortadas contra el horizonte, centenares de aves zancudas remueven el fondo acuático con sus picos en busca de alimento. La Laguna de Gallocanta es uno de los humedales integrados en el Convenio internacional Rasmar. Su conservación es un símbolo de la lucha por preservación de estos espacios naturales en España

Los paisajes del agua, ríos y humedales, configuran el territorio español y estructuran su vida. Elemento indispensable para todas las culturas, el agua constituye ecosistemas muy productivos y grandes paraísos de diversidad natural. Hasta hace no muchos años ha sido tratada únicamente como un recurso, energético o al servicio de la agricultura, y como colector de vertidos. Ello se ha debido, entre otros factores, a su carácter fácilmente politizable y a los vacíos en la responsabilidad de la protección de ríos y humedales. Pese a que poco a poco se han ido sentando las bases de su preservación, tanto en España como en la esfera internacional asistimos a una lucha silenciosa entre la naturaleza y el afán de bienestar del hombre.

España cuenta con numerosos humedales, pero este medio natural permanece como uno de los grandes desconocidos dentro del país. Los humedales son espacios con presencia – transitoria- de una lámina de agua superficial, por ejemplo, en el caso de la laguna de Gallocanta, en la comunidad aragonesa, la capa de agua oscila entre los 10 centímetros y el medio metro. Su presencia también puede deberse a que el agua acumulada en capas del subsuelo esté muy cercanas a la superficie. En ambos casos se crean unas condiciones propicias que influyen en el modo en que se desarrolla la vida en estos sistemas naturales.

El marco legal que protege a estos espacios no es nada claro; la responsabilidad de protección de los ríos y los humedales compete a todos lo ciudadanos, planteando dificultades en la gestión. Por su parte, las Confederaciones Hidrográficas, dependientes del Ministerio de Medio Ambiente, tienen obligaciones sobre el dominio hídrico, es decir tanto agua superficial como subterránea, y los cauces naturales. Sin embargo, en las márgenes de los ríos la responsabilidad recae sobre las comunidades autónomas y los ayuntamientos, en caso de que se trate de suelo urbano. La situación de los humedales es más imprecisa y compleja: mientras hay humedales que aparentemente son de titularidad privada, otros se ubican en montes de utilidad pública.

Otro factor a considerar es la falta de consenso en la acotación del término humedal. Desde la Convención relativa a los Humedales de Importancia Internacional, más conocida como el Convenio Rasmar, se consideran humedales “sólo las marismas, pantanos y turberas (pantanos ricos en turba)”, dejando fuera los lagos de grandes dimensiones. Por el contrario, otras organizaciones dudan incluso de su catalogación dentro de los medios hídricos. Esta ambigüedad también ha afectado a las instituciones encargadas de la protección de este medio natural, lo que ha influido en el deterioro paulatino de gran parte de los humedales de España.

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