De los diferentes ecosistemas que componen el medio natural, el humedal “es un claro termómetro, un indicador de alarma que avisa de amenazas sobre la salud pública y la naturaleza”, tal y como explica Luís Tirado, delegado de SEO Bird Life en Aragón. La laguna de Gallocanta, entre Teruel y Zaragoza, o el Delta del Ebro, en Tarragona son ejemplos españoles de humedales que sufren cambios en su sistema, y debido a su fragilidad se ven dañados gravemente a corto plazo. Esto afecta de forma directa al ritmo socioeconómico de las poblaciones asentadas en las zonas aledañas a estos medios hídricos.
“Tendemos a pensar que los humedales soportan prácticas del modelo de producción y desarrollo actual, que aguantan otros ecosistemas”, explica Luís Tirado. Sin embargo, la alteración del ciclo natural de un pequeño elemento de un humedal, por ejemplo la temperatura de su agua, causa su destrucción de manera inminente.
La sobreexplotación o la contaminación, como por ejemplo sucede en el Delta del Ebro, donde en la superficie de arrozales utilizan pesticidas muy agresivos, son algunos de las malas prácticas a eliminar. La apuesta, en estos casos, ha de dirigirse hacia una agricultura ecológica, o como explica Luís Tirado, “acuicultura, es decir una agricultura que permite y se combina con el desarrollo sostenible, en este caso los medios acuáticos”.
El sistema de agricultura por regadío, así como la alteración estacional de los ciclos vitales, la aceleración de cosechas, con la consecuente desertización del suelo en el entorno de los humedales, los daña seriamente. Tirado explica: “La clave para su conservación es romper el discurso vigente”, ya que la biodiversidad no está reñida con el modelo de desarrollo actual.